Una casa para siempre desde hace siete años
El título de ‘Una Casa para Siempre’ se ubica en la contraportada, la cubierta y todo el contenedor es fruto de un cúmulo de casualidades que acabó convirtiendo la obra en una rareza de gran valor artístico, belleza y sugestión.
Acariciar con la mano la portada de Una Casa para Siempre es como tocar a la puerta de un lugar sin forma, ubicación ni realidad, acaso un oasis en mitad del desierto para saciar la sed, un enclave mental para los insatisfechos donde el tiempo no existe y, emulando la imagen de la cubierta, poder matar el no-tiempo mirando diapositivas de otros ámbitos al trasluz, otras vidas encerradas en casas indestructibles y ajenas a la especulación. Una Casa para Siempre no es sólo una, sino muchas dentro de un bello contenedor: las de todos los colaboradores que forman parte de esta compilación de historietas gráficas publicada en 2005 por una pequeña editorial independiente llamada Borobiltxo Libros, nacida en Barcelona del entusiasmo de Quique Ramos y Jordi Llobet hace casi una década y que hoy el último de los dos continúa gestionando con la misma pasión.
Pese a la distancia que nos separa del momento en que se publicó este híbrido entre fanzine y revista, lo cierto es que aún a día de hoy puede encontrarse en algunos rincones de la ciudad y conserva todo su atractivo artístico y su carácter fresco y actual. Si Borobiltxo comenzó, como se relata en su página web oficial, como un arrebato durante un concierto de las fiestas barcelonesas de la Mercè y con el objeto de publicar a la autora finlandesa Kati Rapia en español, Una Casa para Siempre no podía ser menos: «el hecho de no poder publicar a todos los autores que quisiéramos nos llevó a juntarlos a todos en una compilación», nos cuenta Llobet, una iniciativa que hoy puede parecer arriesgada dada la coyuntura, aunque como se desprende de la conversación por correo electrónico que mantuvimos con él, nada es imposible cuando crees en lo que haces y lo haces con verdadera emoción y desde la admiración que profesas por el trabajo de quien te rodea. Jordi responde vacilante cuando le preguntamos si Borobiltxo y por ende Una Casa para Siempre hubiera sido posible en la Barcelona del 2012, si las cosas son realmente tan diferentes hoy: «no sé si ha cambiado mucho. Ya había gente haciendo cosas antes, y también ahora. Sólo que la gente va y viene. Además, Internet ha hecho todo un poco más virtual y fugaz».
La lista de colaboradores es sorpendentemente extensa y variopinta: desde Kati Rapia hasta Jeffrey Brown (inédito en español en aquel momento), pasando por Juanjo Sáez o Michele Siquot. Sobre la última, Borobiltxo está preparando un nuevo lanzamiento para finales de este año.
El recopilatorio Una Casa… no se puede someter a una crítica al uso, es mucho más que un fanzine o una revista, ni siquiera algo a medio camino; es un objeto digno de colección impregnado de carisma gracias a su sobrecubierta serigrafiada en verde rampante (se hizo una edición limitada a 50 ejemplares en color azul vivo) y el pastiche de estilos y símbolos que contiene. A lo largo de sus 52 páginas el lector puede introducirse en los mundos con tintes de ciencia ficción de Arnau Sala, ser testigo de las costumbristas viñetas de Kati Rapia y soltar una sonora carcajada con la lectura de las conversaciones firmadas por Fermín Solís de dos vagabundos sentados en un banco que riegan las horas con Don Simón, una mezcla abigarrada que sin embargo se conjuga en algo mayor: la idea de los mundos oníricos, la introspección, la psicología y el intimismo que a grandes rasgos caracterizan la obra y que se ponen de relevancia en los collages de Souther Salazar y Bert. Y qué decir de la vigencia de la obra, por atemporal o por visionaria, especialmente plausible en las páginas firmadas por el dibujante Juanjo Sáez llenas de siluetas ensombrecidas con alas que representan a ‘los malos’ que ‘vienen a hacernos sufrir’ y a arrebatarnos lo que es nuestro con hambre insaciable, una suerte de alegoría que se puede extrapolar a las problemáticas actuales con las cuales estamos lamentablemente tan familiarizados.
Una Casa para Siempre es una pequeña obra de arte de las que dejan huella, delicada, amable y conmovedora, de la que se podría escribir y no acabar. Mejor os lo cuenta el propio Jordi Llobet en la entrevista que sigue donde habla del nacimiento de Borobiltxo, de la pasión del fan y de la emoción que te embarga cuando te das cuentas de que tienes en las manos algo tan único e irrepetible como una casa donde resguardarse de las amenazas de la realidad:
- Según cuentas, Borobiltxo se creó de manera espontánea junto a Quique Ramos durante un concierto, aunque llevabais tiempo dándole vueltas, ¿es un proyecto que nace de la pasión del fan?
Sí, la pasión por los libros, la ilustración y ciertos autores. Tener una editorial ya era mi sueño en la adolescencia, supongo que todo editor tiene dentro este amor por los libros. Y siempre hemos tenido claro que el único criterio de selección para nosotros es nuestra pasión por diferentes autores que hemos ido descubriendo. Sin este ‘fanatismo’ por ciertos autores, por conocerlos y darlos a conocer, nunca hubiéramos tenido las ganas de publicar nada. Es muy subjetivo, sí, pero no lo podemos concebir de otra manera.
‘El Planeta de la Señorita’ fue la primera obra que se editó bajo el sello de Borobiltxo Libros en mayo de 2003. Su autora, Kati Rapia (Finlandia, 1972), residió en Barcelona durante un breve lapso de tiempo a principios de la década pasada, lo suficiente como para recopilar sus experiencias cotidianas en otro volumen, ‘Yellow Bird y otras historias de Barcelona’, publicado por Borobiltxo en 2008.
- ¿Fue complicado empezar a publicar? ¿Cómo financiabais y de hecho financias cada nuevo libro o proyecto de Borobiltxo?
Empezar a publicar fue mucho más sencillo de lo que nos pensábamos, ¡eso fue toda una sorpresa! El primer libro fue El planeta de la señorita de Kati Rapia, era la primera vez que llevaba algo a imprimir en una imprenta, y salió precioso y más barato de lo que nos esperábamos. Y fue súper gratificante, ya que fue la realización de la vocación que mencionaba antes. Por eso siempre animo a la gente que tiene el gusanillo de la edición a lanzarse.
La financiación sale primero de nuestro bolsillo y después, con suerte, se recupera con las ventas. Desgraciadamente, normalmente no es así. A veces es duro. Así que somos, literalmente, un proyecto por amor al arte.
- Kati Rapia fue una excusa para que todo empezara; según tú, ¿qué la hace tan especial?
¡Es maravillosa! Durante un tiempo tuve la idea de la editorial en la cabeza (incluso el nombre) pero no sabía qué autor publicar primero. Y en cuanto vi la obra de Kati Rapia lo tuve clarísimo. Su obra es dulce, personal, divertida, bella e inteligente. Me sigue gustando como el primer día.
- ¿La marcha de Quique Ramos, con quien iniciaste el proyecto, supuso un punto de inflexión? ¿Ya habíais hecho todo lo que queríais hacer entonces?
Sí que fue un punto de inflexión. No es lo mismo hacer las cosas entre dos, que uno solo, sin tener a nadie con quien comentar las cosas del día a día. Y mirándolo con perspectiva, quizás sí que fue el inicio del final de un ciclo, aunque no te das cuenta de estas cosas en el momento. A partir de ahora creo que es cuando empezará el siguiente ciclo.
- Borobiltxo viene de una intensa actividad entre publicaciones y exposiciones durante algún tiempo atrás y parece estar a la espera de algo. ¿Cuál es el presente de Borobiltxo? ¿Y el futuro?
El inicio de este tiempo de inactividad sí que fue un respiro que decidí tomarme después de la publicación simultánea de los dos últimos libros (Yellow Bird de Kati Rapia y Doctor Gómez de Tamayo). Y ahora llevo un tiempo bastante largo preparando el siguiente, que es más complejo de editar. Te puedo avanzar que es de la artista argentina Michele Siquot, que es sorprendente y diferente a lo habitual, y que espero que salga en septiembre u octubre.
La carrera de Tamayo en el mundo de las historietas empezó en la década de los 80. Doctor Gómez recoge los trabajos que realizó desde 1990 hasta 1993 para la revista Makoki, un referente del cómic underground español.
- Si no me equivoco, fuisteis los primeros en publicar a Jeffrey Brown, junto con otros grandes con trayectoria como Juanjo Sáez ¿Fue difícil contactar y convencer a todos los colaboradores?
Sí, nunca se había publicado a Jeffrey Brown ni a John Porcellino en castellano antes. Fue sorprendentemente fácil, todos dijeron que sí excepto quizás uno o dos. Fue una gozada, pudimos publicar la compilación de nuestros sueños.
- Pese a haber pasado muchos años, es un objeto casi de culto que todavía se puede encontrar en algunos puntos de la ciudad y que es casi un símbolo de una época. ¿Habrá un segundo número?
Pues le estoy dando vueltas a esta idea, no estoy seguro aún. Como dices, fue una cosa muy de una época, y ahora, afortunadamente, el mundo del cómic está mejor y ya no hay tantos autores por descubrir. Hay más acceso a todo. Pero no lo descarto.
- ¿De dónde surge la idea de serigrafiar la portada? Lo convierte en algo muy característico y realmente bello.
¡Gracias! La ilustración es de Albert Aromir. La verdad es que teníamos ganas de serigrafiar algo, nos hacía ilusión. Y en el último momento se nos ocurrió que fuera la sobrecubierta, porque se puede añadir sin ningún coste (están serigrafiadas y puestas a mano) y además le dan más presencia al libro. En lo que no caímos fue que al apilar los libros, las sobrecubiertas se pegaban y se rompían, así que tuvimos que ponerlos en bolsas. Y como a los libreros no les gustaba que el nombre estuviera en la contraportada, pusimos una pegatina en la portada, encima de la bolsa. Todo esto hizo que la presentación del libro fuese aun más chula, gracias a una afortunada cadena de errores.
- Pese al tiempo que nos separa de su nacimiento, hoy en día, con la problemática social surgida de la burbuja inmobiliaria, los desahucios, etc., el título de la obra parece muy actual, resulta incluso irónico. ¿A qué os referíais con “Una casa para siempre”? ¿Tiene relación con el libro de Vila-Matas? ¿Dónde estaría ese “hogar”?
Viene del libro de Vila-Matas. Me gustaba como metáfora evocadora, dejando a cada cual pensar lo que quisiera… A riesgo de sonar ñoño, para mí es el mundo de la imaginación, que hay que intentar conservar siempre…
- “Una casa…” es una revista según se define en la web, aunque también un fanzine porque está hecha desde vuestra admiración. Bajo tu punto de vista, ¿cómo ves la escena fanzinera de la ciudad hoy en día? ¿Crees que está muy ligada a cierta escena musical determinada?
Lo nuestro está un poco a medio camino entre el fanzine y el cómic más profesional, cosa que hace que a la gente le cueste clasificarnos y a veces nos pone las cosas difíciles, pero a mí me gusta así. ¡Una vez me llamaron de Ficomic para preguntarme cuál de las dos cosas éramos!
Sobre la escena fanzinera, mi sensación es que había más fanzines de música antes, a finales de los años 90, que es cuando los hacía yo… Y ahora más de cómic. Internet ha hecho que todo lo que es texto se difunda más por la web. Así que justamente ahora es cuando veo menos fanzineo en la escena musical. Por otro lado, ahora hay fanzines de cómic increíbles, super bien editados y con muy buenos autores (Lunettes, Rojo Putón, Colibrí, El Viejo Custer, El Buit… son los que tengo más cerca). ¡Creo y espero que seguirá así!
(La imagen destacada corresponde a la foto de la portada del libro de Enrique Vila-Matas, Una Casa para Siempre, publicado en la colección Compactos del sello Anagrama)


