En tropel hacia el vacío
Llenar un vacío precisamente para explicarlo es de las tareas más desasosegantes a las que puede enfrentarse un creador, y de rebote, una de las más grandes paradojas de las sociedades materialistas, inermes y desnortadas a la hora de explicar los espacios ausentes de la realidad. Nos rodeamos de cachibaches, inventos, artilugios efímeros que reponemos con la aparición del más mínimo rasguño con objeto de salvar esos abismos cotidianos que nos perturban, atados a la errónea concepción de que cuando algo está vacío no hay nada. ¿Cómo explicar con palabras, con imágenes, algo que por su naturaleza exige la ausencia total de ese ‘algo’? Hay un grupo de ilustradores afincados en Barcelona cuya ópera prima subvierte la creencia común e intenta disociar ‘lo vacío’ de ‘la nada’ en un ejercicio perfecto de autoedición. Se llaman Tropèl, un juego de palabras y chascarrillos ortográficos bajo el cual cinco chicas — Laia Arqueros, Carla Besora, Olga Capdevila, Ona Trabal y Mirena Ossorno — y un chico — Joan Casaramona — se van haciendo fuertes en su taller limítrofe entre los barrios del Eixample y Gràcia. Los seis acaban de arrojar un gran vacío al mundo llamado El Buit (‘el vacío’ en su voz castellana), un volumen que discurre en torno al concepto que le otorga el nombre.
De izquierda a derecha: Carla Besora, Joan Casaramona, Laia Arqueros, Ona Trabal, Mirena Ossorno y Olga Capdevila, Tropèl al completo en su estudio en la calle Sant Agustí del barrio del Gràcia (Foto: Juan Guerrero Linares).
Ellos mismos dudaban al describir lo que sostenían entre las manos mientras les entrevistábamos para este reportaje. Y es que El Buit , la ópera prima de este colectivo, no es un material al uso: esta rara avis de la autoedición no admite denuedo alguno a la hora de describirla. ¿Es un libro, un fanzine, acaso un álbum de ilustraciones? Haciendo honor a su nombre, ‘El Buit’ es la suma y, en oposición, absolutamente nada de todo eso. Para quien escribe, esta antología es más bien un artefacto artístico y cultural que señala una tendencia irremisible en los tiempos que corren hacia la introspección, la evocación y el trabajo colaborativo de tantas personas que de manera directa o indirecta han hecho posible que El Buit sea de todo menos un material vacío de conceptos y de valor artístico: desde todos aquellos mecenas financieros que hicieron su aportación a través de una campaña de crowdfunding lanzada en la plataforma Verkami, hasta las contracubiertas de Mirena Ossorno, el magnífico diseño de Jordi Oms y la introducción firmada por Arnal Ballester.
Si bien la conceptualización de lo vacío puede suponer más de un quebradero de cabeza para todo aquel que se disponga a acometer esa tarea, la ‘manada’ de Tropèl, como describe Laia Arqueros el colectivo, ha conseguido resolver la incógnita de esta difícil ecuación en un volumen con cinco historias de ocho páginas cada una con discurso propio pero nutridas de la misma fuente, alimentadas por el mismo aire y de personalidad unívoca. Las narraciones que componen el trabajo no podían ser otra cosa que profundas, reflexivas, intimistas y sutiles, y están resueltas esencialmente con técnicas artesanales de ilustración sorprendidas por otras más originales como por ejemplo el uso de hojas de árbol naturales que hace Ona Trabal en sus páginas o por añagazas de conceptualización del contenido como el uso evocador de elementos musicales en las historias de Olga Capdevila y Laia Arqueros. Pese a lo trascendental y onírico de las ilustraciones de Carla u Olga, o el elemento costumbrista que introduce Ona, ‘El Buit’ es un compendio de historias de fácil asimilación, de conceptos cerncanos tratados bajo el prisma del realismo mágico e incluso de imágenes cómicas como las monjas que levitan en las páginas de Laia o las viñetas de Joan Casaramona.
Olga, Carla y Laia, con la presencia de Jordi Oms, tuvieron a bien concedernos una charla en su estudio, que como no podía ser de otra manera, fue en tropel y no dejó espacio alguno para el vacío:
Las ocho páginas que Olga Capdevila firma para ‘El Buit’ están impregnadas del lirismo del conjunto musical Bedroom, un proyecto pop-folk del también ilustrador Albert Aromir (Foto: Tropèl).
Soviet Magazine: ¿Cómo cinco chicas y un chico se ponen de acuerdo para formar Tropèl?
Olga Capdevila: Surgió de manera bastante natural. Estudiábamos juntos en la Massana, en el ciclo formativo de ilustración. Descubrimos que inevitablemente siempre acabábamos sentándonos en la misma mesa y comentando los trabajos entre nosotros. El grupo se creó bastante espontáneamente. Cuando acabamos, hubo un momento en el que nos plateamos seriamente montar un colectivo, en nuestro círculo tanteamos a ver quién estaba interesado y prácticamente todos los que nos entendíamos mejor trabajando dijimos que sí.
SM: Tropèl sugiere un grupo de personas haciendo algo a la vez. ¿Es vuestra principal característica como colectivo? ¿Cuál es vuestro ADN?
Laia Arqueros: Tropèl es un poco como una manada (risa).
OC: Nos gusta mucho el nombre porque creo que nos define bastante: cada uno tiene su propia personalidad y, como puedes ver, cada uno tiene su propia mesa y hace su trabajo. Paralelamente existe la posibilidad de poder autoeditar libros juntos, que actúan como carta de presentación del trabajo de todos nosotros. Hay una doble vida: mientras cada uno está con sus proyectos en su mesa, por otro lado podemos ir editando todo aquello que nos apetezca o no.
SM: ¿Nacisteis con la autoedición como razón de ser?
LA: En este momento, la autoedición es de hecho el objetivo principal.
OC: Dentro de poco estrenaremos una web y estamos preparando ya el siguiente volumen que saldrá de cara a septiembre. La idea es continuar autoeditando trabajos, que cada uno pueda trabajar en sus propios proyectos y en sus ilustraciones para que tengan un sentido conjunto dado que es difícil trabajar los seis a la vez. Sólo es posible trabajar realmente juntos en pequeños grupos, de dos en dos…
Carla Besora: Somos un grupo grande, pero dentro de esa dinámica trabajamos en proyectos de dos o tres que identifican a todo el ‘tropel’.
SM: La grafía es curiosa. En catalán ‘tropel’ es ‘tropell’ y no ‘tropèl’…
OC: Tropèl nos gustaba mucho. Las habemos de la Cataluña profunda…
LA: ¡Y otras del Sur profundo! (risas).
OC: Laia es andaluza, Ona es de la zona tirando a Valencia… Tropell no nos gustaba en catalán, aunque nos identificábamos con el significado. A partir de ahí, le pusimos un acento en catalán…
LA: Y además es algo nuevo.
OC: Es una nueva palabra.
Arqueros habitó durante un mes el Convento de Santa Clara, en la localidad de Belalcázar (Córdoba), como artista residente en la asociación cultural La Fragua. Sus páginas para ‘El Buit’ son el resultado de aquella experiencia, que se completa con una canción que sirvió como punto de partida de su trabajo (Foto: Tropèl).
SM: ¿La coyuntura actual os ha condicionado mucho a la hora de compartir vuestro espacio de trabajo? ¿En otro momento lo habríais hecho solos?
LA: Yo creo que no. Lo hicimos sin pensar en ello.
CB: A parte nos gustaba la idea de hacernos con el espacio para poder trabajar juntos. Este trabajo es muy solitario y cuesta mucho más si estás sólo que en compañía.
OC: Independientemente de eso, seguimos siendo ilustradores freelance individuales. Tropèl sirve mucho para retroalimentarnos unos a los otros, hay gente que conoce mucho el trabajo de Laia Arqueros y va a parar al blog de Tropèl, o se compra el libro porque conoce a Laia y va a parar al trabajo de Carla… nos favorece.
SM: Sois jóvenes, pero sabéis muy bien lo que queréis y lo que ofrecéis, y tenéis ya algunas experiencias. ¿Qué le recomendáis a un ilustrador que todavía no ha dado este paso y que quiere hacerlo?
LA: Yo creo que nosotros todavía estamos dando ese paso también (risas).
OC: La situación es difícil, y a veces no sabes ni en que momento te encuentras porque este trabajo es muy desigual y un día tienes un encargo grande y te parece que ya lo tienes todo y después…
CB: Es cuestión de mucha paciencia…
LA: Y mucho trabajo. Cualquiera que empiece tiene que trabajar mucho y ahora más.
OC: También es cierto que estar con gente en la que confías mucho y cuyo trabajo te gusta, en un grupo en que nos influenciamos y nos recomendamos los unos a los otros, es algo que da seguridad. Como crees mucho en los demás, acabas creyendo en ti y sale todo mucho más fácil.
SM: Laia, en una entrevista para Nius, dijiste que las mejores referencias en el mundo de la ilustración estaban en Barcelona. ¿Qué quisiste decir? ¿Barcelona es la ciudad donde hay que estar para ser ilustrador?
LA: Yo lo dije sobre todo por la escuela. Yo estudié en Granada, y cuando quise empezar ilustración la mejor referencia por cuanto a escuela y a estudios estaban aquí. Desde fuera, Barcelona se ve como la más europea en el sentido de editoriales, de escuelas…
SM: Estamos muy diseñados…
LA: A eso me refiero, aunque en lo laboral no sea así para nada (risas). Sí que hay movimiento y muchas oportunidades para trabajar, o al menos las había en su momento. Pero creo que siempre será mejor aquí o en Madrid, que no en Córdoba o Salamanca… también es lógico porque son las capitales y siempre suele haber más movimiento cultural.
OC: Puede que hace un tiempo esto fuera así, pero ahora evidentemente cambiará… Tengo unos amigos de Vic que no querían salir de la región y ahora ellos tienen trabajo allí. Aquí somos muchos, pero muchos. Tienes que espabilar, y la verdad es que no nos podemos quejar, aunque hay una sobreproducción de ilustradores que espanta.
LA: Das una patada y salen veinte. Estamos hasta debajo de las piedras (risas).
Joan Casaramona firma dos páginas de viñetas en el último número de ‘Rojo Putón’, un volumen seriado editado por el colectivo barcelonés ‘Les Golfes‘ que se ha convertido en una de las antologías de nuevos dibujantes e ilustradores de obligado conocimiento en la ciudad. (Foto: blog del autor).
SM: Joan y Carla han publicado sus trabajos en Rojo Putón… parece que entre los colectivos mismos también hay bastante interacción y fraternidad…
CB: Hay de todo. Tiene una parte muy solitaria, pero a la que hay colectivos también surgen muchas oportunidades de colaborar y hacer cosas juntos, hay bastante fraternidad.
OC: Por ejemplo, fuimos juntos a Londres con otros cuatro colectivos, entre ellos Les Golfes que son las que editan Rojo Putón, a compartir mesa y a ver si todos vendíamos. Al final, te hace mucha ilusión vender tu libro, pero si se vende otro pues bien también… Por otro lado, hay una cosa muy bestia, y es que nosotros este libro lo hacemos para otros ilustradores porque al final acaban comprando gente de otros colectivos. Al final es un mercado endogámico y solitario. Realmente la gente no compra estos libros. La gente que compra El Buit es la propia gente del sector. Es algo muy curioso.
SM: Debe de ser muy difícil dar a conocer un trabajo así fuera de los círculos profesionales…
OC: No sé si a la gente le interesa un libro así. Cuando fuimos a Londres nos sorprendió muchísimo ver a la gente haciendo horas de cola para entrar al recinto donde había esta feria de libros autoeditados, de ver que la gente compraba mucho y que tenía como una cultura ‘del objeto’.
CB: Yo creo que cada vez va a mejor. Todo lo que es libro ilustrado, cómic, novela gráfica… hace unos años era muy raro y ahora cada vez es más normal.
OC: ¿El libro de Carla, lo compran padres o lo compran ilustradores?
LA: Yo creo que ambos.
OC: Pero hay un grupo importante de consumidores de libros ilustrados formado por los propios ilustradores.
LA: Sí, porque a parte de ser libros también tienen un punto de objeto artístico.
OC: Aunque no son objetos difíciles de asimilar, por ejemplo El Buit. Como material no son historias complicadas que no pueda entender pongamos un carpintero, y en cambio el carpintero no es cliente de este tipo de material.
LA: Tampoco el libro es una costumbre social. La gente no está educada para comprar libros así, y el problema aquí es también que ni siquiera la gente está educada para comprar libros de lectura. Si no hay un público educado en la lectura, va a costar más llegar a un público que vaya consumir libros de arte o libros ilustrados.
CB: Creo que esto cada vez va a más. Hace unos años no me hubiera imaginado nunca a una amiga de mi madre de cincuenta años comprando El Buit, y en cambio me contó que se lo compró y que le gustó. Ahora la gente está más entrenada en leer imágenes que textos. Este tipo de persona existe y cada vez hay más.
Jordi Oms: Aunque este tipo de libro es diferente, no es ni una novela gráfica, ni un cuento, ni un fanzine, ni un cómic… no sabes dónde enmarcarlo.
LA: Hay gente que podría enmarcarlo dentro de la categoría de libro de artista, pero tampoco…
OC: Comenzó siendo un fanzine y después se subvencionó a través del crowdfunding. Al disponer de dinero pensamos en hacer una edición más cuidada con tapas rígidas y empezamos a llamarlo libro. Pero una vez lo tuvimos en las manos nos dimos cuenta de que las tapas no eran tan rígidas como pensábamos (risas). Algunas webs han dicho que es una revista, ‘la revista de Tropèl’, otros un cómic…
CB: Hemos creado un género (risas).
LA: Es un libro de artista pero en realidad es un libro de arte. Un álbum, un álbum ilustrado (risas).
El libro al que hace referencia Olga en la entrevista se titula ‘Amiga Gallina’, un cuento por Juan Arjona que Carla Besora se encarga de ilustrar. El volumen salió a finales del año pasado y está publicado por la editorial A Buen Paso (Foto: blog de la autora).
SM: ‘EL Buit’ es muy peculiar, desde su ejecución hasta la temática. ¿Cómo disteis con el concepto?
CB: Hacía mucho tiempo que estábamos buscando un tema para hacer algo y estábamos teniendo problemas para ponernos de acuerdo. Salieron muchos temas, pensamos mucho en cómo estructurarlo y de qué manera generar el contenido y al final, un día en un bar nos pusimos a hablar…
OC: … y nos dimos cuenta de que estábamos metiendo mucha presión porque queríamos hacer una cosa muy bien hecha y nos estábamos bloqueando y dándole muchas vueltas para que estuviera ligado desde la portada hasta la contra, para que todo tuviera un concepto. Y un día Carla vino y dijo: “yo voy a hacer un libro sobre ‘el vacío’ y si os queréis sumar os sumáis”. A algunos les gustó más que a otros pero como alguien ya lo había decidido… (risas). Es la mejor manera porque somos demasiados y si se han de hacer reuniones para hablar de todo…
LA: Hacía falta una actitud como esa (risas).
SM: Cada uno desarrolló su aportación de manera independiente, es curioso que siempre que hablamos del vacío todos nos vamos a lo existencial…
OC: Yo creo que tiene que ver con nuestra personalidad. Hicimos lo que en ese momento nos apetecía.
LA: Bueno, mi historia es un gag humorístico. Es una monja que levita con una pelota de baloncesto (risas).
SM: Es una imagen cómica, pero hay una lectura detrás, forzáis al lector a que ponga de su parte…
LA: Yo creo que eso es la ilustración, que ahí reside su naturaleza. Contamos historias con la idea de que le llegue a la gente pero que la gente tenga su propia interpretación.
OC: A veces tú cuentas una historia y la ves clarísima, y otra persona ha interpretado cualquier otra cosa.
LA: Ahí está su riqueza. Eso es lo más bonito. Que de un tema común que toque a mucha gente cada uno haga su lectura.
CB: A veces aparece gente con interpretaciones de tu historia que son sorprendentes. O ven detalles y referencias que tu no habías visto.
La historia que firma Ona Trabal en ‘El Buit’ es quizás de las más costumbristas y entrañables del volumen: salvando las distancias, su 13 Rue del Percebe particular se ubica en las secciones triangulares que la autora ha troquelado en hojas de árbol naturales (Foto: Tropèl).
SM: Como objeto es muy bonito, la factura es muy buena, ¿cuál fue la parte más difícil?
LA: Las tintas (risas).
OC: Es como un sueño. Teníamos el dinero y fuimos a una imprenta de renombre a escoger las tapas de cartoné, el papel… es un sueño, algo que no te sucede nunca.
CB: Queríamos hacer algo bonito como objeto a parte del contenido. Fuimos a un sitio que cuando hablábamos de calidades y papel sacaban treinta catálogos y donde tuvieron la paciencia de enseñárnoslo todo.
OC: Esta parte es algo muy frustrante de nuestro trabajo. Trabajas durante seis años y entonces ves el resultado de la impresión que han hecho… en esos momentos es cuando he visto más gente llorando en el estudio. Tuvimos la opción de escoger el papel y todo lo demás exactamente como nos gustaba, sabíamos exactamente cómo iba a quedar, asistimos a las pruebas de color… es maravilloso.
LA: Autoeditándote te quitas muchas angustias, es una ventaja (risas).
CB: Hay mucho trabajo extra pero recompensa mucho. Es muy gratificante.
SM: ¿Os definiríais como una colectivo tradicionalista en vuestras técnicas?
OC: Yo soy tradicional. Utilizamos los recursos digitales para agilizar el trabajo, para escanear… pero todos trabajamos la mano en la técnica de origen.
CB: Yo creo que es una fusión de ambas cosas, según el trabajo te obliga a pensar mucho en el digital y a trabajar mucha parte en ordenador.
OC: Si hay algo en común en un Joan, una Carla, una Laia o una Olga es que creo que siempre hay rastros…
LA: Y una factura de tintero o de lápiz… ¿Que luego usamos el digital? Claro que lo usamos todos. Pero en principio siempre partimos de la técnica a mano.
OC: Como mínimo, en la estética, en la manera gráfica de resolver las cosas…
SM: ¿Qué podéis contarnos del segundo volumen que estáis preparando?
LA: Todavía está muy verde… mejor dicho, no se ha hecho público [silencio] va a ser muy marchoso.
OC: Será muy diferente, un tema mucho más ágil y divertido y por cuanto al formato será una cosa muy diferente también. Será mucho más sencillo, para resolverlo bien necesitábamos que fuera así. Será muy estival.
LA: Pero con calidad.
OC: Es un poco como hacer lo que te apetece.
LA: Y lo que nos podemos permitir.
OC: Lo que nos ha ido mejor del crowdfunding es que ahora cualquier venta que hagamos es dinero que tenemos para reinvertir en lo siguiente.
LA: Si ves la situación actual y piensas que has sacado un libro y que tienes beneficios para seguir invirtiendo en libros te das cuenta de que eres de las pocas personas que han podido hacer algo así.
OC: Mientras tengamos un fondo para poder publicar lo siguiente, ya lo tenemos todo.
SM: ¿Y las ventas?
OC: Estamos contentos. Sólo está en La Central y en la Fatbottom por lo que yo he visto, aunque donde se vende más es en festivales y sitios donde la gente realmente te ve la cara. Hemos querido repartir entre los mecenas que habían colaborado con fondos antes que se lo encontraran a la venta. Ahora la campaña de entregas ya está finalizada y la intención es repartirlo en las tiendas.
LA: Entre las tiendas sí, obviamente, pero también queremos hacer una buena campaña de distribución por Internet. Autodistribución.
OC: Internet lo es todo.
Ilustraciones de Joan Casaramona (superior) y Carla Besora (inferior) para ‘El Buit’ (Foto: Tropèl).









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