El ring de París
Que la moda disfruta de sonados titulares, astracanadas y grandes duelos con trágico final – en la pasarela, en la prensa y en boca de todos – es una obviedad a tenor de lo que viene sucediendo durante las últimas temporadas de desfiles. Nos hemos acostumbrado al baile de sillas, al mercadeo de diseñadores y las turbias especulaciones hasta el límite de la anestesia informativa: sin entrar en grandes detalles, sólo hace falta echar un vistazo a las hemerotecas desde que Galliano saliera por la puerta de atrás de Dior hace más de un año hasta la llegada de Raf Simons a la casa, después de no pocos vaivenes y de eternas listas de candidatos que se resolvieron en su nombre y tal y como empezaron. Nos queda la duda de quién suscitó su salida de Simons la marca para la cual llevaba cosechando críticas inmejorables durante unas cuantas temporadas, Jil Sander: si fue el forzado retorno de la homónima diseñadora a la firma que ella fundó o si la oferta de Dior resultó demasiado tentadora como para rechazarla, y es que siempre hay lugar para la duda y la incertidumbre cuando se trata de la moda.
Esta semana de la moda de París no podía sino sembrar alguna tensión más cuando las aguas parecían volver a su cauce y los tronos se ocupaban por sus respectivos reyes. Raf Simons en Christian Dior (LVMH) y Hedi Slimane en el Saint Laurent de PPR (ya sin el ‘Yves’, acaso para reafirmar la nueva potestad de su nuevo director creativo y hacer coincidir las siglas de manera un tanto obvia), parece que más que ejercer sus sendas tareas semestrales se reten a un duelo a muerte. Sólo los molinos de viento que flanqueaban la pasarela del últimamente espectacular y excesivo Karl Lagerfeld para Chanel (no se pierdan los elefantiacos bolsos) parece que han podido remover un poco el viciado aire de la lucha generada por los medios entre Slimane y Simons y cambiar de tercio el asunto, y es que Karl no podía dejar ningún flanco abierto para que no se siguiera hablando de él.
Si la rivalidad entre ambos es artificiosa y creada por el tumulto y las ganas de titulares por parte del personal es algo que quizás descubramos pasado un tiempo o algunas colecciones, y seguramente sean las cifras de ventas de los próximos meses las que hagan que la balanza se incline por uno o por otro; al final las puyas, las apostillas y las declaraciones son sólo alimento para el lector o espectador voraz de habladurías (los límites los marca lo políticamente correcto, Galliano aprendió bien la lección). Suzy Menkes auguraba una ‘batalla de campeones’ entre Dior y Saint Laurent (o Simons y Slimane) que en el mejor de los casos sólo sería una fórmula que se ha venido repitiendo desde tiempos inmemoriales entre las principales firmas del núcleo duro parisino; según la archifamosa periodista del Herald Tribune, lo realmente importante sería el reto que se le presentaría al Chanel de Lagerfeld a la hora de “mostrar a la nueva ola de modernidad de la moda aquello por lo que aboga su firma”.
Si nos acotamos a lo visto en la pasarela, lo cierto es que Simons se habría marcado un tanto a su favor sobre Slimane. Después de la correcta, aplaudida y primeriza colección de alta costura apara esta temporada que abrimos, firmada por Simons para Dior, el belga ha conseguido multiplicar los aplausos con su última presentación de prêt-à-porter y ha cosechado críticas que le avalan para el puesto al menos unas cuantas colecciones más. El nuevo Saint Laurent de Hedi Slimane, en cambio, ha recogido reseñas desiguales con una colección oscura, con apenas algunas notas de beige, transparencias y una escueta paleta de colores entre turquesas y rojos en los vestidos de las últimas salidas de su desfile. Hasta aquí cuatro notas de una presentación en la que quizás se esperara algo más del que un día fuera designado sucesor de la maison por el propio Yves. Quizás la impresión que nos deja la colección no nos importe tanto como la decisión de dejar sin invitación a la crítica de moda del New York Times, Cathy Horyn (al parecer a petición Slimane), un gesto que parece querer remover aún más los vientos en París: según el blog The Cut del New York Mag, en un artículo fechado en 2004, Horyn se remontaba en el tiempo hasta Helmut Lang a la hora de dilucidar los orígenes de la inaccesible y enfermiza silueta que lanzara a Slimane al estrellato durante su etapa en Dior Homme… en esa línea temporal se encontraba el mismo Raf Simons. La reseña de Horyn sobre el desfile de Saint Laurent, sin embargo, no se ha hecho esperar: “esperaba más de su debut. La sensación que tuve a través de las prendas fue la de alguien [Hedi Slimane] desconectado de la moda de estos años atrás. Si es así, podría ser una perspectiva interesante, aunque no había nada nuevo que aprender en ellas”. Debates a un lado, sería reconfortante venir a hablar de lo que realmente se celebra durante estos días y obviar una supuesta rivalidad entre Simons y Slimane (dicho sea de paso, acrecentada por los errores de cálculo y comunicación del último). Ambos tienen la misma edad (44), son diseñadores que han demostrado su talento en los límites de la moda masculina durante años y la coyuntura ha querido que se encontraran aquí, ahora y en la cima. Compañeros, acaso.
La respuesta de Slimane a Horyn ha sido rápida y no deja lugar a dudas. En la imagen, bajo el encabezado “My Own Times” (todo un guiño a la periodista, con más o menos gracia) podéis leer el texto entero, que reza cosas como la siguiente: “la señora Horyn es una abusona de patio de colegio y también un poco humorista de monólogos”. Sin desperdicio alguno. (Fuente: twitter oficial de Hedi Slimane).










